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La entrevista más sincera de la periodista de ‘La Sexta Noche’

Un café con Andrea Ropero: “Estuve a punto de dejar la carrera, pero mi abuela, que era mi heroína, me animó a seguir”

Apasionada de Aragón, de su gente, de los viajes… La copresentadora del programa político de los sábados comparte sus aficiones y su filosofía de vida en esta reveladora charla.

Maribel Escalona / Fotos: Ana Ruiz
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Un café con Andrea Ropero: “Estuve a punto de dejar la carrera, pero mi abuela, que era mi heroína, me animó a seguir”

Andrea Ropero ejerce de aragonesa, pero reconoce que su segunda casa es Barcelona, donde estudió Periodismo, aunque su abuela la tentó con Medicina. Deportista y viajera, tiene buena mano para la pintura y es una enamorada de Joaquín Sabina. Curtida en La Sexta Noticias y Al rojo vivo, se ha hecho popular en los tres últimos años como copresentadora de La Sexta Noche.

Se nota que conectas con Iñaki López. ¿Os lo pasais bien juntos?
Nos daban cuatro meses y ya ves, tres años llevamos presentando La Sexta Noche. Nos lo pasamos muy bien juntos. Nuestro programa es duro por la política y la economía, pero tiene mucho ritmo y las cinco horas pasan volando. Un sábado por la noche o le metes “chicha” o la gente cambia de canal.

Una noche tuviste un rifi rafe con Pablo Iglesias. De todos los políticos que han pasado por el plató, ¿con cuál te quedas?
Lo de Pablo Iglesias fue algo anecdótico y en el plano profesional. Personalmente nos llevamos muy bien, igual que con el resto de políticos que pasan por el programa. Nos sorprendió Mariano Rajoy; era la primera vez que venía a La Sexta y fue muy majo y muy simpático. Nos hizo especial ilusión porque se trata del presidente del Gobierno, aunque sea en funciones.

Es tu primer programa como presentadora. ¿Te quiere la cámara?
Me siento comodísima y muy tranquila. Antes, haciendo directos en la calle, era feliz, pero el plató me aporta algo especial difícil de describir.

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¿Qué noticias son las que más te impresionan?
Las que tienen que ver con la violencia machista. Es una lacra a erradicar, un drama que afecta a muchas mujeres y que hay que denunciar desde los medios para animar a esas mujeres que no se atreven a hacerlo aunque lo sufran en carne propia. El programa tiene ese compromiso.

¿Cuál te gustaría dar esta primavera?
Que se cura el cáncer. Es mi sueño. Mi abuela materna murió de cáncer y conozco muchos casos a mi alrededor. Es un tema que afecta a familias enteras porque hay millones de personas que lo sufren.

¿Te preocupa la salud?
Aunque sea joven, además de mi abuela, perdí a mi íntimo amigo del alma, Dani Montesinos, en un accidente de tráfico. Me marcó y me di cuenta de que las cosas van y vienen muy rápido. Si tienes salud, lo tienes todo.

Tu abuela quería que estudiaras Medicina.
Porque así me quedaba a estudiar en Huesca, que además vivíamos cerca de un hospital; si hacía Periodismo tenía que irme fuera. Pero nunca me llevé bien con las agujas y la sangre (risas). Tenía claro que quería ser periodista y mi abuela, que falleció hace cuatro años, me animó a seguir adelante.

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¿Algún antecedente familiar en el mundo de la comunicación?
En absoluto. Soy la oveja negra de la familia (risas). Mis dos hermanos menores [tiene 32 años y sus hermanos, 27 y 22 respectivamente] viven en Huesca y mis padres siguen en Binaced, en mi pueblo. Allí están también mis amigos; soy la única exilidada (risas). Mi madre se enfada conmigo porque voy poco a verles. Mis fines de semana son el lunes y el martes y cada vez me da más pereza coger el coche y estar cuatro horas en la carretera.

Este año lo empezaste sin familia porque dabas las campanadas en La Sexta…
Pero mi madre se plantó en Madrid. Vino conmigo a la Puerta del Sol y hasta subió al balcón donde dimos las campanadas.

Estabas guapísima con ese vestido verde.
Todo el mundo está pendiente del modelo que lleva la chica y apenas se fija en el chico. Pero también es verdad que yo elegí el vestido con el que me sentía a gusto. Nadie me dijo lo que tenía que ponerme. El caso de las campanadas es anecdótico, pero sí es cierto que las mujeres en televisión tenemos que demostrar mucho más nuestra profesionalidad, por el simple hecho de tener un físico u otro. Se da por hecho que una presentadora guapa es tonta y está menos preparada que el hombre que tiene al lado. En cambio, nadie duda de un presentador porque sea más o menos guapo. Es un problema de machismo al que todavía tenemos que hacer frente.

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A 2016 le pediste luchar por los sueños y nunca agachar la cabeza. ¿Eres una luchadora?
Si nosotros no luchamos por nuestras cosas, nadie lo va a hacer. Hay que darlo todo hasta el final, en la vida y en la profesión. Te confieso que, cuando estudiaba la carrera, por motivos personales me planteé dejarla y fue mi abuela la que me dejó claro que si quería algo, tenía que seguir adelante hasta alcanzarlo. No lo olvidaré nunca; esa tozudez la he heredado de ella.

Tus primeros pasos fueron en El periódico de Aragón y en Radio Monzón (Huesca) SER. ¿Pensabas entonces que trabajarías en televisión?
A los ocho años ya veía las noticias con mi abuela y flipaba con los rostros de los telediarios. No pensaba que trabajaría en televisión; de hecho, cuando veía a alguna compañera de estudios que había logrado hacer directos, pensaba: “¿Qué sentirá?”.

¿Ejerces de aragonesa?
Soy una enamorada de mi tierra y llevo por bandera a mi pueblo, Binaced, a los vinos, la gastronomía, la cultura, la naturaleza… Y todo lo que tiene la provincia. ¡Hasta el ternasco asado! En la redacción organizo viajes al Pirineo para ir a ver Huesca y les digo que les voy a preparar un buen asado. ¡Si no hablamos los aragoneses de lo que hay en Aragón, nadie habla!

Estudiaste Periodismo en Barcelona. ¿Hablas catalán?
He vivido allí durante once años, hablo catalán perfectamente y es mi segunda casa. Intento volver cada dos meses para estar, aunque sea un día, con mi gente. Allí tengo a mis amigas de la Universidad y a mi ahijado, el hijo de una de ellas, que en junio hará dos años. Barcelona es una ciudad que me tiene atrapada. Casi voy más allí que a Huesca.

Te casaste en Monzón (Huesca) hace dos años y medio. ¿Piensas en la maternidad?
Ahora mismo estoy centrada en el trabajo única y exclusivamente.

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¿Cuáles son tus aficiones?
Soy fan de Joaquín Sabina desde que tengo uso de razón. Entrevistarle ha sido una de las mayores alegrías que me ha dado mi profesión. Me trató fenomenal, me invitó a un café en su casa y es una tarde que recordaré siempre. También me encanta esquiar desde siempre, y eso que me rompí un brazo de pequeña.

¿Algún rincón del Pirineo para perderse?
Donde siempre me escapo para desconectar: Llanos del Hospital, en Benasque. Es mi remanso de paz.

¿Te gusta viajar?
Mi marido y yo viajamos con un grupo de amigos y lo organizamos todo. Me decanto por lugares que sean muy diferentes a lo que veo en el día a día, imprescindible para aprender de otras culturas y desconectar. Me ha marcado un viaje que hice a Panamá hace cuatro años. Esas vacaciones no sabíamos dónde ir y ante un mapa del mundo dijimos: donde caiga el dedo. Estuve en Isla Perro, en la comarca indígena de Kuna Yala (Panamá). El rincón más espectacular en el que he estado. Paz absoluta y cabañas sin electricidad, con una manta en el suelo y cangrejos y cucarachas. La comida, el paisaje con playas espectaculares, la gente… Todo fue una sorpresa.

El año pasado estuviste en Tanzania. ¿Te impresionó la pobreza extrema de sus habitantes?
Visitamos varios colegios de la mano de una chica española que reside allí y que tiene un orfanato para ayudar a los más pobres. Me marcó ver cómo niños de 6, 7 y 8 años caminan 13 kilómetros al día para ir a la escuela. No tienen zapatillas y se las hacen con neumáticos, pero jamás faltan a clase. Me impactó la fuerza de las mujeres para sacar adelante a sus familias sin nada… Cuando vuelves te das cuenta que aquí tenemos que aprender a valorar las cosas del día a día.

¿Eres cocinillas?
¡Me encanta cocinar! Me sale muy buena la paella y las lentejas. Cocino unos espaguetis con almejas que te mueres. Y todo tipo de asados. Lo aprendí de mi abuela. Soy de buen comer desde que me levanto. Para desayunar tomo un zumo de naranja, un café con galletas y a media mañana, un bocadillo pequeñito.

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¿Amante de los animales?
Tengo un perro que se llama Malo porque de pequeño me destrozaba la casa. Ahora tiene tres años y medio y es mi compañero en Madrid. Lo saco a la calle tres veces al día y cuando libro nos damos unos paseos bien largos.

¿Eres buena deportista?
Si. Cuando puedo camino dos horas sin problema. También voy al gimnasio tres veces a la semana; corro, hago máquinas y un poquito de todo para mantenerme en forma y desestresarme. Me relaja mucho leer. Te recomiendo el último libro que he terminado: Esto no es una historia de amor, de José Antonio Pérez Ledo, un guionista de televisión.

¿Presumida?
Me cuido lo justo, sobre todo la piel porque el maquillaje de la tele la daña. Intento ir a la moda y arreglarme cuando voy a algún evento, pero sin obsesionarme; en el día a día visto con vaqueros, botas y una camiseta. Siempre cómoda.

¿Qué talento tienes aparte de la comunicación?
Me encanta pintar al óleo y hasta los 14 años hice varios cuadros –mi madre tiene la casa llena–, pero últimamente lo tengo abandonado.

¿Un héroe en la vida real?
A riesgo de ser repetitiva, mi heroína fue mi abuela. Vivía en casa con mis padres y mis hermanos, pero siempre mantuve con ella una relación muy estrecha.

¿El mejor consejo que te han dado a lo largo de la vida?
Soy una Cáncer un poco lunática. A veces me acuesto tan cansada que no me apetece ni hablar, pero al día siguiente me levanto de buen humor y con un lema que me gusta mucho: “Sé tú misma”.

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