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Reunió a 1.873.000 espectadores (17,3% share) en su estreno

Carlos Sobera se enfrenta a ‘The Wall’: “Nunca había llorado tanto en televisión”

Aunque el ritmo de grabación ha sido muy intenso, el presentador está orgulloso de conducir un programa que, asegura, tiene una vuelta de tuerca emocional: “La mecánica es perversa”.

Ignacio Herruzo / Fotos: Fernando Roi
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Carlos Sobera

Bajo la sombra de un impresionante muro de 12 metros de altura, Carlos Sobera se enfrenta a uno de los mayores retos de su carrera: presentar The Wall. El concurso, grabado en un estudio a las afueras de París, es, en palabras del presentador, uno de los formatos “más transgesores y perversos” que existen en la televisión actual. Hablamos con él sobre esta aventura y su regreso a First Dates.

Mediaset te dio hace un año First Dates, ahora te da un concurso en prime time. ¿Cómo te sientes?
Me siento muy honrado. Estoy teniendo mucha suerte, en esta profesión necesitas que confien en ti, y estoy teniendo suerte porque me ofrecen cosas que objetivamente me parecen buenas. Cuando vi por primera vez First Dates me pareció un formato extraordinario y una oportunidad que no podía perder. Y The Wall es un concurso que da una vuelta de tuerca al contenido y la puesta en escena. Me siento muy honrado, nada presionado, me lo tomo como la vida misma y me lo estoy pasando bomba. Tengo la sensación de que el programa va a gustar.
¿Y qué tiene este concurso que no tenga otros?
He hecho concursos en los que se ha dado mucho dinero, pero tiene una vuelta de tuerca emocional. La mecánica es perversa: separar a dos personas que van unidas por un proyecto en común y que no sepan nada la una de la otra, que se sientan frágiles... Y sus emociones las transmiten y te contagian. La alegría, lágrimas, eso lo hace muy distinto.

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Lágrimas como las tuyas...
Había llorado de risa, cuando me rio se me va la olla, pero nunca antes había vivido algo tan intenso. Influye mucho la puesta en escena.
¿Has vivido algún conflicto entre los concursantes?
He visto uno. Él quiso recurrir al humor para quitarle dramatismo a la situación y, cuando baja ella, le dice que ha roto el contrato, y él se empieza a partir... La reacción de ella es para verla. Él fue a besarla y ella se dio la vuelta, creo que le molestó la reacción de que se quedaran a cero y le hiciera gracia. Este formato hace que la gente sea muy sincera.

¿Sientes esto como un ascenso?
No me esperaba esta pregunta (risas), nunca he pensado que estuviera en segunda. Me fui de aquí en 2002 y volver a Mediaset tenía un componente sentimental muy importante.

¿Cómo ha sido grabar 12 programas en 6 días en París?
Acabas derrotado. Pero una vez que estás en el plató, suena la música, se abre la puerta y entras ahí, cambia todo. Te pones el chip y te entra una energía bestial, podrías aguantar diez horas haciendo cinco programas seguidos. ¡Pero que no me tomen la palabra! (risas)
¿Cuál es el nivel de dificultad de las preguntas?
Hay de todo: la primera fase son sencillas, son de dos opciones y tienen que contestar rápido antes de que las bolas caigan abajo. En la segunda fase se complican. Y las terceras son más avanzadas, con cuatro opciones. Son preguntas muy abiertas, no es cultura de enciclopedia, que eso le quitaría valor al programa. Hay desde cultura general hasta cosas del día a día.

¿Te costó conectar con el público francés?
No me resultó frío, era gente estupenda. Una tercera parte era española. Y participaban mucho, celebraban que las bolas verdes cayeran en mucho dinero, sufrían con las malas noticias... Es verdad que hemos hecho mucho para integrarles y su propio equipo también, porque el regidor les indicaba, les traducía lo que decían los concursantes... Conocían lo básico para emocionarse.
¿No son tan emotivos?
Conozco a presentadores franceses que son muy latinos y entregados, pero el presentador que hace este formato, como es a diario, busca menos el show, es más sobrio y los franceses estaban alucinando cuando vieron que venía un español loco a hablarles (risas).

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¡Antes te pedían citas por la calle y ahora te van a pedir dinero!
Yo tengo amor para dar, dinero no. Es curioso, toda la vida me han pedido que levantara la ceja, en los ultimos meses me piden citas, que les busque pareja, que quieren ir al programa... Me da muy buen rollo. Noto que la gente que se acerca es muy transparente, me mola mucho. De hecho estoy pensando en abrir una agencia matrimonial (risas).
Tras año y medio de éxito, ¿crees que First Dates necesita un cambio?
No, tiene que ser alimentando de buenas historias y gente auténtica. No siempre vamos a tener la capacidad de sorprender, pero mientras mantengamos la línea de autenticidad habrá gente que nos siga viendo. Hemos hecho 400 entregas, han pasado 2000 personas… Los británicos vienen a nuestro plató para ver cómo lo hacemos, porque les asombra que se puedan hacer tantos programas y les decimos que en España hay gente para hacer estos programas y muchos más. Siempre está bien alguna vuelta de tuerca, ahora hay un formato que es lo mismo pero en un hotel y eso supongo que Mediaset lo incorporará en algún momento.
¿Te asusta competir con Ninja Warrior?
No he visto el programa, pero cualquier competencia es dura. Yo quiero triunfar y que el programa haga un 25%, pero no a costa de nadie y creo que hay sitio para todos. He visto la lucha que había los viernes entre grandes formatos como La voz y Tu cara me suena y había público para los dos. Ahora bien, una vez haya espacio para cada uno, yo me pido el salón comedor y la cocina, y el dormitorio lo dejo para la competencia, pero no echo a nadie de casa.
Hace unas semanas se dijo que Mediaset te iba a dar un programa con niños.
Te voy a decir una frase que utilizo en la función de teatro de Cinco y Acción: “Sí, yo también he escuchado ese rumor”.
¿Sigues grabando First Dates?
Sigo hasta el 28 de julio y volveremos el 11 de septiembre. En agosto estaré con la gira de Cinco y Acción, así que no habrá vacaciones. Espero que triunfe The Wall y volvamos a grabar pronto, pero solo un programa al día y así puedo ver la Torre Eiffel, que esta vez no he visto nada (risas).
¿Cómo fue la experiencia de la cabalgata del Orgullo Gay?
Fabulosa. Ver lo que es capaz de mover un programa de televisión me parece extraordinario. Fue un momento muy emotivo. ¿Hay que celebrar el día del Orgullo? Sí, estamos en el siglo XXI y aquí lo tenemos muy normalizado, pero todavía hay gente que tiene muchos prejuicios. Es una de las cosas que más me gusta del programa, que ha normalizado todo. De hecho, a mi hija de nueve años le dejo verlo porque tiene que percibirlo sin prejuicios.

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