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Un documental dirigido por Hernán Zin

'Morir para contar': El trauma de los reporteros de guerra

Hernán Zin se transforma una vez más en director de documentales para mostrarnos 'Morir para contar', una película novedosa en su contenido, que se estrena el 22 de noviembre. En ella rinde homenaje a todos los periodistas que se juegan la vida, como él, para que el mundo esté informado. Él mismo nos explica qué le llevo a hacerla y recogemos varios testimonios de algunos de sus protagonistas.

Maribel Escalona
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Morir para contar

Profesionales como Gervasio Sánchez, Javier Espinosa, Mónica G. Prieto, Ramón Lobo, Manu Brabo, Maysun, David Beriain o Mónica Bernabé, entre otros, van desnudando sus sentimientos para armar un documental que se convierte en la historia de los últimos 30 años de actualidad contada desde el punto de vista más íntimo. Producido por Televisión Española, Contramedia Films y Quexito Films, Morir para contar es, sobre todo, un homenaje a los compañeros que nunca regresaron de la guerra. Profesionales como Julio Fuentes, Miguel Gil, José Couso o Julio Anguita, entre otros. Los reporteros, testigos de injusticias, guerras y muertes, confiesan que algo personal se va en cada una de esas pérdidas.

"Ver tanto horror me llevó a una depresión y hasta pensé en suicidarme”, dice Hernán Zin. Este argentino, reportero de guerra, escritor y documentalista, ha trabajado en más de cincuenta países de África, América Latina y Asia. De 2011 a 2015 trabajó como productor y cámara junto a Jon Sistiaga para Canal +. Ahora deja su profesión de corresponsal de guerra para dedicarse a la creación de proyectos audiovisuales y para seguir escribiendo..

Te has pasado la vida viajando a países en situaciones de pobreza extrema y en conflictos armados. ¿Cuál fue el detonante para cubrir informativamente la primera guerra?
La suerte que siempre he tenido en la vida. Nací en el seno de una buena familia (su padre es el senador italiano Claudio Zin), tuve una infancia estupenda y después, la posibilidad de viajar. Ya de joven comprendí que debía devolver algo de lo que había recibido y como lo único que sé hacer es contar historias, empecé a hacerlo a través de documentales, de libros, de blogs…Así podía dar voz a la gente que lo está pasando muy mal.

¿Qué años tenías cuando empezaste en este trabajo y qué te motivó a dejar una vida confortable?
Tenía 21 años y no fue un motivo religioso- soy ateo-; más bien era muy revolucionario de joven, aunque con el tiempo me he vuelto moderado. Con 20 años veía fácil cambiar el mundo pero ahora, con 46, ya no lo veo igual. Lo primero que hice fue viajar a Asia; allí estuve cinco años y al primer conflicto que acudí fue al de Camboya.

En otros documentales anteriores has contado la difícil situación de los niños (Nacido en Siria o Nacido en Gaza) y de las mujeres explotadas sexualmente (La guerra contra las mujeres). ¿Qué te ha llevado a explicar el dolor del periodista en esta ocasión? 
Sufrí un incidente en Afganistán en 2012 que cambió mi vida. Los traumas acumulados durante 20 años de trabajo como reportero de guerra explotaron de repente y tuve un ataque de pánico. Empecé a preguntarme un montón de cosas y empezaron la depresión, la soledad, las conductas autodestructivas…Tenia fobias, angustia a sitios cerrados e incluso me planteé el suicidio. En realidad lo que tenía era un episodio de estrés postraumático. En ese momento me planteé si eso sólo me pasaba a mí o también a otros periodistas que cubren conflictos bélicos. Hablando me di cuenta que estamos todos bastante “tocados, así que este documental ha sido una especie de terapia colectiva. Y montándolo, he llorado lo que no está escrito. 

¿Cuándo notaste que estabas mal? ¿En plena guerra o cuando estabas de vuelta a casa?
Ya tenía muchos síntomas, pero el detonante fue en Siria, cuando hice el documental Nací en Siria, donde estuve acompañando a los refugiados en su camino a Europa varias veces, con niños incluidos. Era el 2016, vine a España para los premios Goya y al día siguiente caí en una depresión profunda. Afortunadamente no tardé mucho en salir, pero la caída fue en picado. Busqué ayuda psicológica y empecé a trabajar en el proceso narrativo, muy bueno para enfrentarte a los problemas.

   

Tú eres el hilo conductor de toda la película.
Al principio no iba a salir; no me lo planteaba. Fue Nerea Barros, que también produce esta película, quien me instó a que yo me desnudase emocionalmente y fuera el hilo conductor de todas las historias de mis compañeros. Y acepté porque necesitaba entender qué me había pasado y por qué, era una especie de búsqueda personal para salir de ese agujero en el que me había metido. Y también lo he hecho para que la gente joven que va a empezar a ser corresponsal de guerra sepa que va a pagar un alto precio psicológico. El documental se ha convertido además en un homenaje a los reporteros españoles, porque en España os cuesta mucho apreciar lo que tenéis. Amo este país y por eso vivo en Madrid desde hace años y soy consciente de que aquí están los mejores reporteros del mundo, generación tras generación.

Al primer reportero al que acudiste fue Gervasio Sánchez. ¿Por qué él?
Porque es un referente muy fuerte en la profesión. Un tío al que todos admiramos y ha marcado el camino. Para mí fue una sorpresa que él también hubiera sufrido estrés postraumático veinte años antes y fue él quien me abrió la puerta al resto de reporteros.

¿Dónde hiciste la catarsis que necesitabas para estar bien? ¿Fue con este documental o con la escritura del libro Querida guerra mía?
Con las dos cosas. Querida guerra mía me ha ayudado a estar en paz con todo lo que he hecho y a mirar un futuro con optimismo a través del humor; el humor negro es lo que nos salva, lo que ayuda a sobrevivir. Y Morir para contar es lo mismo pero en plan serio. El libro es ficción, es una novela, pero tiene mucha verdad por la necesidad que tenía de escribirla. Necesitaba soltar, necesitaba reírme, necesitaba despedirme de un trabajo que he amado y decir que hasta aquí hemos llegado. La novela y el documental me han obligado a enfrentarme a todos mis fantasmas.

“Si algo me ha sorprendido de la guerra es que la ordenan los adultos, pero la hacen los niños”, aseguras en el documental.
Los soldados son muy jóvenes y no son conscientes del precio que van a pagar. Yo tampoco sabía que iba a pagar tan alto precio por mi trabajo, por mi forma de vivir…Vamos a la guerra en busca de aventuras pero volvemos con una maleta cargada de cadáveres.

¿La mujer y los niños son las mayores víctimas de los conflictos armados?
Sí. La violación de mujeres de todas formas inimaginables, en grupo, hiriéndolas y cortándolas al tiempo, se ha convertido en un arma de guerra. Y la aplicaron a rajatabla en El Congo, Sudán, Ruanda, Uganda o en Bosnia, que está aquí al lado. ¡Una brutalidad! Es una forma horrible de hacer una limpieza étnica, usando el cuerpo de la mujer como botín. Y lo increíble es que esto ha sucedido diez años antes del Me too y las mujeres violadas cuentan todo delante de la cámara con gran valentía. Y los niños que han sufrido un conflicto bélico, desgraciadamente son chicos sin futuro o con el futuro mermado.

La familia, los padres, las esposas o maridos y los hijos, son los que pagan el pato del trabajo del reportero. 
Así es. Nuestro oficio es muy egoísta porque pones en situación límite a la gente que te quiere. Yo siempre he pensado que si me pasaba algo, era una putada que hacía a mi familia. Pero como dice David Beriain en la película: “he tenido la suerte de estar rodeado de gente que me quiere”. Mi madre y mi padre han sido muy generosos y siempre me han alentado a hacer lo que yo quisiera.

¿Te has planteado tener hijos?
Nunca quise tenerlos por eso precisamente. Torturar a mis padres ya me parecía demasiado fuerte como para torturar a mis hijos. Ahora que acabo de dejar la guerra, veré si tengo hijos o no, porque es maravilloso escuchar a Javier Espinosa y Mónica Prieto cómo hablan de los suyos en el documental y lo valores que les han inculcado. Esos niños tienen suerte por el ejemplo que tienen en sus padres.

¿Tienes sensación de haber sacrificado muchas cosas por el camino?
Sí. Por ejemplo, nunca he tenido unas vacaciones normales, en pleno mes de agosto, para irme por ahí con mis amigos. Nunca he tenido un puesto de trabajo, siempre he sido “freelance”. Nunca he tenido mucho dinero…Cuando la gente está construyendo su propia historia, tú estás en otra cosa. Pero no puedo quejarme: he estado en más de 50 países, también me he divertido mucho, he conocido desde la madre Teresa de Jesús hasta Denis Mukwege, el Nobel de la Paz de este año, que es muy amigo mío. He tenido una vida interesante y he sido libre, pero llega un momento que no puedes más ni física ni emocionalmente.

 

Hace un mes obtenías el primer premio en la Sección Oficial de Documentales del Mundo en el Festival Internacional de Cine de Montreal y la Palma de Plata en México por Morir para contar. También has recibido anteriormente el premio Ondas y has estado nominado a los Goya y a los Grammy Latinos, además del Premio Internacional de la Academia de TVE por tu defensa de los derechos humanos, entre otros. ¿Qué significan los premios para ti? 
Los premios me han ayudado. Dejé el reporterismo en 2015 –estaba trabajando en Canal+ con Jon Sistiaga- y me dediqué de lleno a los documentales. Era un salto al vacío y los premios han supuesto un reconocimiento de que lo que estábamos haciendo estaba bien. Yo cuido los premios que he recibido y los coloco encima del piano, en el salón (risas).

Vives en Madrid desde hace veinte años. ¿A qué te vas a dedicar ahora que te has despedido como corresponsal? 
Hemos montado la productora Contramedia Films entre varios socios, donde hago mis documentales como guionista y director y además hacemos publicidad y cine. Quiero llevar a la gran pantalla mi novela Querida guerra mía. Además toco el piano y la guitarra y compongo; el último disco de la cantante Bebe tiene cuatro temas que hicimos juntos. Y escribo guiones y libros…Me dicen que tengo hiperactividad intelectual porque escribo tres guiones al año, un libro y dos documentales. Estoy metido en una nueva novela, que será la segunda parte de “Querida guerra mía”…Y además practico Catch Surf, para desengrasar (risas).

Estrenas casi al tiempo de Morir contando otro documental para Acción contra el hambre que coordina Emilio Aragón. Se trata de Lucha de gigantes. 
Es la primera vez que trabajo solo como director, que no guionizo ni produzco el documental. Esa película se ha hecho a través de móviles, 25 en concreto, que se han repartido entre los cooperantes de Acción contra el hambre de distintos países, que han grabado las situaciones cotidianas que viven allí y estoy muy contento por el impacto que está teniendo. Emilio es un tío muy generoso y hemos trabajado muy bien.

Después de haber visto tanto horror. ¿Cómo analizas los problemas cotidianos de una persona normal y corriente? ¿Has aprendido a no juzgar?
Empatizar con el sufrimiento de la gente de aquí es difícil. Todo te parece una tontería y eso hace que te conviertas en un soberbio autista. Luego, con los años, empiezas a entender que el dolor de aquí es tan válido como el de allí. Cada uno sufre en la dimensión de su realidad.

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Los reporteros de guerra que aparecen en el documental

Gervasio Sánchez

Ha cubierto como reportero gráfico para diversos medios la mayor parte de los conflictos armados de América Latina y la Guerra del Golfo desde 1984 hasta 1992, a partir del cual pasó a cubrir la Guerra de Bosnia y el resto de conflictos derivados de la fragmentación de la antigua Yugoeslavia. También ha cubierto diferentes conflictos en África y Asia. Es padre de un hijo. “A veces, aunque tomes decisiones bien pensadas, muy responsables, acabas muriendo porque estás en una zona de conflicto y las bombas no preguntan", asegura mientras habla de lo importante que es el miedo para salvaguardar tu propia vida.

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Mónica G. Prieto

A lo largo de más de veinte años ha recorrido el mundo como reportera denunciando los abusos a los derechos humanos en tiempos de guerra y en la defensa de los civiles.Ha trabajado en varios conflictos como el levantamiento zapatista de Chiapas, segunda guerra de Chechenia, guerra de Georgia, el conflicto de Macedonia, las invasiones de Afganistán e Irak, la guerra civil iraquí, múltiples ataques contra Gaza, la guerra del Líbano, la de Siria y las revueltas de la primavera árabe, entre otros.

Estuvo casada con el reportero de guerra Julio Fuentes, asesinado en la invasión de Afganistán de 2001. Su pareja en la actualidad es Javier Espinosa, periodista que también estuvo secuestrado en Siria durante más de seis meses. Con él tiene dos hijos. Julio (Fuentes) era mi marido y el periódico El Mundo donde trabajaba él, me llamó esa mañana para que acudiese porque algo había pasado en el convoy en el que iba él en Afganistán en 1989. Cuando llegué me explicaron que el coche de Julio era el primero y fueron emboscados por un grupo de afganos. Les intentaron robar, imagino que se resistieron, hubo un tiroteo y les mataron a todos. Fue un medio internacional quien recogió los cadáveres, los llevó a la frontera pakistaní, donde yo recibí el de Julio e hicimos la evacuación. Ojo, yo perdí a una persona, pero conozco familias que han perdido a 14”, asegura la valiente periodista.

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Javier Espinosa

Es el corresponsal de guerra español más destacado de su generación. Su cobertura de los bombardeos del ejército sirio sobre Baba Amro, el principal bastión rebelde en Homs, y su azarosa fuga hacia Líbano fueron portada en la prensa internacional. Sólo una pared le salvó de morir junto a otros dos periodistas -En 2013 fue secuestrado por afines a Al Qaeda, en el norte de Siria, cuando era corresponsal en Oriente Medio para el diario El Mundo, junto al fotógrafo freelance Ricardo García Vilanova. A pesar de los difíciles momentos que ha vivido, afirma rotundo: “Yo quiero que mis hijos tengan un referente. Quiero enseñarles que tan importante es un español como un sirio y que no hay que dejar de viajar a Siria porque sea peligroso y tengas una familia. Los niños te devuelven rápidamente a la realidad. Cuando volví de Siria, tras estar retenido más de un cien días, lo primero que hicieron mis hijos fue pedirme: “Vamos a jugar a carceleros y presos” (risas) Eso sí que era todo un regreso a la realidad cotidiana”.

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Fran Sevilla

El periodista madrileño es redactor de RNE desde el año 1988. De 1989 a 1996 cubrió, entre otros acontecimientos y como enviado especial, la primera guerra del Golfo Pérsico o la de la antigua Yugoslavia; de 1996 a 2000 fue corresponsal de RNE en Oriente Próximo, y de 2000 a 2007, corresponsal volante de los Servicios Informativos de la emisora, con coberturas como enviado especial a las guerras de Afganistán, Líbano, Irak o Colombia. Ahora es el corresponsal en Washington. En el documental habla con tristeza de lo que ha sufrido su familia por su trabajo. “El tema familiar pesa. Durante muchos años me he perdido la infancia de mis hijos, el día a día. Los ves cada x meses y ya han cambiado”, afirma.

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Roberto Fraile

El cámara de televisión salmantino herido en Siria por impacto de metralla explica cómo los rebeldes preparaban una bomba que les estalló en las manos y le alcanzó a él: “Estaba en Alepo cuando me alcanzó la metralla y lo primero que pensé fue en mis hijos y me decía: “Vaya putada les voy a hacer si no salgo de aquí. Tardé en recuperarme mes  o mes y medio pero tenía claro que lo primero que tenía que hacer era volver a Siria, para ver si era capaz de volver a vivir una situación parecida. Curiosamente, en mi casa nadie me dijo nada, ni siquiera mi madre. Todos tenían claro que iba a volver”. Y eso que el miedo no se supera fácilmente. Él se desnuda al hablar de esa sensación: “El miedo me llega por la noche, cuando estoy descansando. Es como un martillo pilón que te martilla la cabeza. Te empieza a dolor la cabeza y no sabes por qué”.

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David Beriain

Es el único periodista que ha pasado tres meses en el cártel del Sinaloa, al oeste de México, una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo dirigida por el capo Chapo Guzmán. “¿Si pasé miedo? Respecto al miedo yo siempre digo que soy un cagueta. Nunca he sido una persona valiente. El miedo es necesario porque es un mecanismo de defensa que te dice: “No deberías estar aquí”. Pero he tenido la suerte de que las personas que me quieren lo han hecho de la forma más hermosa y radical posible, que es libre. Mi mujer, mis padres, mi hermano y mis amigos son conscientes de que un día puedo no volver”, confiesa.

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Mónica Bernabé

En el año 2000, tras su primer viaje a Afganistán- y a Peshawar-fundó la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA), ONG de apoyo a mujeres afganas, que preside. Desde entonces viajó todos los años a Afganistán hasta que a mediados de 2007 se estableció allí colaborando en diversos medios. De su experiencia en Afganistan nos habla: “La seguridad más efectiva en Afganistán era pasar desapercibida, como una afgana más. Y siempre he tenido presente el miedo que tenía a una posible violación”.

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Manu Brabo

El fotoperiodista freelance se convirtió en el segundo español y asturiano en conseguir el Premio Pulitzer, por las imágenes del conflicto sirio. En 2011, en Libia, las fuerzas leales a Muamar Gadafi lo interceptaron un 5 de abril cuando viajaba en el mismo vehículo con dos compañeros norteamericanos y un sudafricano. Los cuatro fueron retenidos y secuestrados durante 43 días. “Cuando volví me sentía un puto marciano y me costaba tener una conversación normal con mis colegas. Decimos muchas veces que estamos ahí porque es mi pasión, pero para la familia es jodido de llevar”, asegura.

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Ramón Lobo

A los doce años decide que quiere ser periodista haciendo caso omiso a un padre franquista. Tras andar varios años yendo de aquí para allá, entra a trabajar en El País, del que forma parte 20 años hasta 2012. De su experiencia como reportero de guerra dice: “La guerra de cerca huele. Hueles los muertos, hueles tu miedo. La guerra también puede ser hermosa porque casi siempre sale el hijo de puta que tenemos dentro todos, aunque en algunas personas sale el ser extraordinario”.

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Dos que se dejaron la vida

José Couso

El cámara de Telecinco murió durante la invasión de Irak de 2003 a causa de fuego del ejército estadounidense cuando dispararon con un carro de combate contra el Hotel Palestine de la capital iraquí en el que se encontraba juntos a otros periodistas. Estando herido no paraba de preguntar: "¿Por qué nos ha disparado el tanque? ¿Estoy sangrando? ¿Me están grabando…que no me vea mi familia, que no me vean mis hijos…. Fue un asesinato”, explica en el documental el reportero Jon Sistiaga, su compañero en el momento de su muerte. Justo el día anterior había fallecido Julio Anguita.

Miguel Gil

Miguel llegó a Sarajevo con su moto desde Barcelona y fue el primero en entrar por el monte Igman. Además era de los pocos que entraba y sacaba equipos del país por sitios montañosos muy complicados. Un día se puso enfermo el cámara de Associated Press y le cogieron para suplirle y se transformó en un camarógrafo imprescindible. Pero “fue África el continente que le tocó la sensibilidad”, según palabras de su madre. Y en Sierra Leona le mataron en el año 2000. 

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ENTREVISTA NEREA BARROS

La actriz es la productora de la película documental Morir para contar. Se ha lanzado a esta aventura alentada por el director Hernán Zin. “Nos conocimos hace año y medio en el Festival de Lanzarote porque ambos fuimos como jurado y enseguida conectamos. Allí ya me habló del documental que tenía entre manos y quería que le diese mi opinión. Él no quería aparecer en pantalla, pero yo tuve claro que él tenía que ser el hilo conductor de la película y tenía que hablar de sus propias experiencias, de sus sentimientos. Poco a poco me fui metiendo y además de producirlo, he dirigido la parte que actúa el propio Hernán”.

Ejercer como productora y realizadora de documentales, ¿te está enriqueciendo también como intérprete
Desde luego. Ahora estoy en la televisión gallega haciendo O sabor das margaridas (El sabor de las margaritas), que después pasará a Netflix. Después de haber contado las historias de otros, me apetecía dirigir. No sabía que podía hacerlo. Mientras estoy creando, pienso en distintos actores que conozco. Escribo para ellos. Tengo reuniones de producción, financiación, patrocinios, incentivos fiscales… Estoy descubriendo lo que cuesta sacar un proyecto adelante. Comprendo mejor a quienes, como actriz, en otro momento sentía enfrente.

¿Tienes intención de seguir dirigiendo?
Sí. Quiero dirigir un documental, que se titula La barrera de cristal y habla de tres heroínas españolas, una madrileña, una gallega y una vasca, que están a la vanguardia de la Primatología (estudio de primates) en el mundo y dedican su vida en la salvaguarda de estos animales. Las tres viven en un país tan peligroso como la República Democrática del Congo.

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Para aventura, la enfermedad del zika que contrajiste hace un tiempo. ¿Cómo estás de salud?
Ahora muy bien. Hace dos años y pico me picó un mosquito en Colombia cuando promocionaba “La isla mínima”. Como los médicos no me daban mucha solución a esa enfermedad cíclica, recurrí a la acupuntura y ahora estoy bien.

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