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Es embajadora de UNICEF

Maria Rosaria Omaggio, mito erótico de los setenta, en ‘La sonata del silencio’: ‘‘Ha sido un placer volver a España’’

La actriz italiana, uno de los rostros del destape por ‘La lozana andaluza’, da vida a una empresaria judía y millonaria en el drama de época de La 1.

Texto: Maribel Escalona. Fotos: F. Roy y M. Fiestas
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Maria Rosaria Omaggio en ‘La sonata del silencio’

Maria Rosaria Omaggio, uno de los rostros de la época del destape, se ha instalado en España para trabajar en La sonata del silencio, producción de José Frade. La actriz nos habla, en un español impecable, de su personaje, Roberta Moretti Rothschild, judía y millonaria que participa en la reconstrucción de Madrid tras la Guerra Civil. Además, María Rosaria Omaggio relata su amistad con Woody Allen, su trabajo como embajadora de UNICEFy su vida de ‘‘soltera feliz’’.

Háblame de tu personaje, Roberta Moretti Rothschild.
Cuando los alemanes ocuparon París durante la II Guerra Mundial, Roberta corrió el peligro de ser deportada y le ayudaron los padres de Marta (Marta Etura), a quien luego ella ayuda y protege. Llega a Madrid en el año 46 porque va a participar en el negocio de reconstruir Madrid gracias a la ayuda de la banca Rothschild. Además de muy rica, es una mujer moderna e independiente.
¿Qué tal el rodaje con Marta Etura y con los otros protagonistas de la serie?
Es la primera vez que trabajamos juntas y nos hemos entendido muy bien. Y lo mismo con Claudia Traisac, que hace el papel de la hija de Marta.

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En la serie reivindicas con tu forma de hacer mayor libertad para las españolas de la época…
Mi personaje se queda sorprendida cuando quiere contratar a Marta como asistente personal y le informan que sólo tiene el permiso del párroco, pero que falta el de su marido. Si Marta es una mujer preparada, que sabe italiano y francés, ¿para qué necesita el permiso de nadie?
Le compras un magnífico vestuario y transformas a Marta de arriba abajo.
Nos lo pasamos muy bien en el tercer capítulo mientras se probaba los modelitos y
veíamos el desfile de estilistas, peluquero, manicura…Marta llega al trabajo con un trajecito modesto, un moño y un sombrerito y se va “desmadrando” conforme avanza el capítulo. ¡Como nos pasa a las mujeres!
¿También vive tu personaje una trama amorosa?
Sí. Más de una. Cuando se da cuenta que Marta toca el piano, intenta contactar a través suyo con un amor de juventud. Pero él es ahora pobre y ha vivido una guerra y ella es dueña de un imperio y es una mujer muy segura; la historia no puede funcionar. Roberta vuelve a Nueva York y allí encuentra un lord inglés, mucho más adecuado para ella (risas).

Te convertiste en mito erótico con La lozana andaluza, en 1976. ¿Qué recuerdas de aquel cine?
Destacó en un periodo de transición entre la dictadura y la democracia. Ya existía Emmanuelle, y yo no quise continuar por esos derroteros. En España solo me ofrecían ese tipo de papeles, pero en Italia trabajaba con directores prestigiosos. Ahora es un placer volver a este país.

 

Y despues fuiste Visanteta.
Aprendí valenciano de memoria, y fue magnífico trabajar con Antonio Ferrandis, Pepe Sancho… Todavía guardo como oro en paño el traje de fallera. Después, visité Valencia y ¡me recibieron con petardos en el aeropuerto!

¿Cómo llegaste vincularte tanto con la periodista a Oriana Fallaci?  
Leí su primer libro Cartas a un niño que jamás nació y me puso carne de gallina. Después, devoré toda su obra. He dramatizado sus escritos, como La rabia y el orgullo, sobre el radicalismo musulmán. Así que cuando Andrzej Wajda me ofreció encarnarla en Walesa [2013], la historia de líder polaco, no lo dudé.

Eres su divulgadora oficial…
¡Y dicen que nos parecemos! Me siento orgullosa porque era muy celosa y no permitía que otros actuasen en su nombre. Ni siquiera Ingrid Bergman, su amiga. Cuando falleció, en 2006, su sobrino y heredero me pidió dar a conocer conocer un libro sobre la historia de su familia, que tardó en escribir 16 años. Ya tenía cáncer…

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Has dirigido el corto Hey, You, de Unicef, de la que eres embajadora.
También colaboraba con Cáritas. Ese corto está dedicado a la película The Kid [1921], de Chaplin. He querido traducir la ingenuidad de los niños y recordar que son los adultos de mañana. Si les enseñamos a vivir en paz, construiremos un mundo mejor.

 ¿Qué recuerdas de Woody Allen?
Un tipo genial. Y eso que A Roma con amor es su peor película. Llegué al rodaje con su libro Side Effects, para que me lo firmara y a cambio le regalé uno de Italo Calvino. Me preguntó: “¿Por qué sabes que me gusta Calvino?”. Y respondí: “Porque me gustas tú y también él; he deducido que algo teníais en común”. Me cogió de la mano y eso que es muy escrupuloso e hipocondríaco (risas).

Y escribes también ensayos.
He estudiado antropología para saber qué hay detrás de una superstición o de un rito. Me interesa la relación cuerpo-mente o por qué consideramos joyas a ciertas piedras o metales…

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¿Tienes hijos?
No, por desgracia, e hice todo lo posible… Estuve dos veces casada y he tenido dos parejas más. Ahora soy una single feliz.

¿Qué aficiones tienes?
Soy instructora de taichí. Siempre me han interesado las artes marciales, la acupuntura, el yoga… Antes jugaba al golf, dos de mis parejas lo practicaban.

¿Y cómo te cuidas?
Soy vegetariana. Tan solo como pescado cuando estoy de viaje, porque es difícil a veces encontrar productos frescos y también porque necesito tomar proteínas contra el cansancio.

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