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Adela Noriega

El azar y su enorme talento la han llevado a convertirse en una estrella.

Isabel Anciones.
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Adela Noriega

A punto de cumplir los 40, Adela Noriega ha demostrado que el tiempo es su mejor aliado. No sólo porque cada día está más guapa, sino porque ha sabido encauzar su carrera a la perfección y destacar como una de las grandes figuras del género.
Nació el 24 de octubre de 1969 en Ciudad de México. Cuando sólo era una niña, perdió a su padre, un golpe que superó gracias a su madre y a sus dos hermanos, a los que siempre ha estado muy unida.
Pese al sufrimiento, su infancia transcurrió como la de cualquier niña. A diferencia de otros artistas, ella nunca soñó con dedicarse a la interpretación: todo fue fruto de la casualidad. Con 12 años fue descubierta en un centro comercial por un cazatalentos que le ofreció iniciarse en el mundo del modelaje publicitario. Poco después, participó en los vídeos musicales de Lucía Méndez y Luis Miguel.
En 1984 le llegó su primera oportunidad en la televisión con la telenovela Principessa, a la que siguió, un año después, Juana Iris. Dos papeles de villana con los que se dio a conocer al público de su país. Convertida en una joven promesa, el diario El Heraldo de México la nombró actriz Debutante del Año.
En 1987 se estrenó como protagonista con Yesenia. La mexicana afrontó este desafío con tremenda naturalidad: “Cuando eres pequeña, no percibes la responsabilidad que tienes. Lo vi como algo normal, pero estaba ilusionada y así se lo decía a todas mis amigas”. Poco después, hizo su primera incursión cinematográfica en Un sábado más.
Sin embargo, el papel más importante de su carrera fue el de Maricruz en Quinceañera, que grabó ese mismo año. Junto a Thalía, protagonizó esta producción mexicana que revolucionó a todas las adolescentes latinoamericanas. “Es el personaje que recuerdo con mayor cariño y que más puertas me abrió fuera de México”, asegura Adela echando la vista atrás.

Compartió amor y trabajo con Yáñez
En 1989, se sumerge en otro gran proyecto, Dulce desafío, acompañando al galán Eduardo Yáñez. La historia de amor entre ambos llegó a traspasar las pantallas, pues, al poco tiempo, iniciaron un intenso y pasional romance. Otorgándole quizá excesiva importancia al momento sentimental que vivía, Adela dejó de lado su carrera. Pero su apuesta no dio fruto y la pareja no tardó en romperse.
Para superar este bache personal, la mexicana decidió refugiarse en los estudios de grabación. En 1994 se marchó a Miami para protagonizar Guadalupe. Curiosamente, en ella volvió a coincidir con Yáñez. Pero, lejos de ser un problema para ellos, ambos demostraron que la profesionalidad y la cordialidad estaban por encima de sus antiguas diferencias.
Un año más tarde grabó en Colombia María Bonita. “La experiencia en el extranjero me ha hecho madurar ”, aseguró.
Después de una prolongada ausencia, la actriz regresó a México en 1997, donde firmó un contrato millonario que la unía a Televisa por varios años. María Isabel, El privilegio de amar y El manantial son sólo algunas de las novelas en las que trabajó en esa época.
En 2001, la actriz se permitió el lujo de tomarse un nuevo descanso porque tenía otras prioridades.“Si mi profesión me hiciera renunciar a aspectos importantes de mi vida, como por ejemplo mi familia, no lo haría. Yo no vivo solamente para trabajar”, ha declarado.

Adela cree en los príncipes azules
Mientras en su vida profesional triunfaba, su corazón permanecía solitario. Se la había relacionado con varios hombres conocidos, entre ellos el actor Fernando Carrillo, el ex presidente de México Carlos Salinas de Gortari e incluso un narcotraficante, pero, según ella, todo es falso. Lejos de molestarse, Adela aprendió a convivir con los rumores: “Al principio me afectaba lo que decían de mí, pero ahora lo obvio y sólo me preocupo de mi tranquilidad y de la de mi familia”.
Sin embargo, sí ha confirmado su idilio con Luis Miguel, del que guarda gratos recuerdos: “Fueron meses muy intensos porque los dos somos muy pasionales; siempre estará en mi corazón”. Pero la actriz no pierde la esperanza de encontrar a su príncipe azul: “Todavía lo estoy buscando, aunque para llegar a él hay que besar a varios sapos”. “El hombre de mis sueños se parece a mi padre, al que extraño mucho”, confiesa. Aunque en ocasiones ha sentido que se le ha escapado el tren, es consciente de que las cosas llegan a su debido tiempo.
En 2003 grabó Amor real, una telenovela de época que arrasó en más de 50 países y que nos mantuvo en vilo durante 95 capítulos.
Se dice que poco después le ofrecieron hacer Pasión y que la rechazó por la anorexia que supuestamente padecía. Una vez más, hizo frente a las habladurías: “Es mentira. Llevo una dieta sana y me cuido”.
Dos años más tarde participó en La esposa virgen. Este personaje le encantó y, además, reforzó su instinto maternal. “Uno de mis sueños es tener hijos, es lo más maravilloso, pero aún no he encontrado al padre adecuado”.
En 2008 ha grabado Fuego en la sangre, telenovela que cierra de momento una larga trayectoria que le gustaría completar dando el salto a Hollywood.

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