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Delia Fiallo, escritora de novelas

Tras hacer su primera novela se enamoró del género para siempre.

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Delia Fiallo rostros

Si su rostro ni su nombre son conocidos para el gran público, pero sus novelas han triunfado en medio mundo. ¿O a quién no le suena n Cristal, Leonela o Topacio? Apasionantes historias que nacieron tras largas noches en vela, con la única compañía de una máquina de escribir, su fuente inagotable de inspiración.

Su familia ocupó un segundo plano
Delia nació en Cuba en 1918 y vivió en el campo, lejos del mundanal ruido, hasta los 14 años. Durante este aislamiento descubrió su amor por la literatura: los libros fueron sus mejores amigos.
Lectora infatigable, no tardó en darse cuenta de que lo suyo era escribir y, años más tarde, se doctoró en Filosofía y Letras. En 1948 obtuvo el Premio Internacional de Cuentos Hernández Cata.
En 1951 empezó a elaborar guiones para la radio cubana. Allí le ofrecieron hacer su primera telenovela, Hasta que la muerte nos separe, y fue entonces cuando la atrapó el género:?“Hallé un mundo desconocido, al que aprendí a respetar y querer; esa fue la clave del éxito”.
También gracias a la radio conoció al hombre de su vida, Bernardo Pascual, que en aquel momento era director artístico. Ambos estaban casados y Delia era madre de una niña, lo que no supuso un impedimento; tal era su amor que se divorciaron de sus respectivas parejas y contrajeron matrimonio, fruto del cual nacieron cuatro hijos.
Exiliada en 1966 por contrarrevolucionaria, Fiallo se instaló en Miami. En la ciudad norteamericana continuó escribiendo guiones.
Allí tuvo la fortuna de conocer a un importante productor de Venevisión, quien le abrió las puertas del mercado venezolano, país en el que la escritora alcanzó sus mayores triunfos y donde se sintió respetada. Lucecita (1967), Esmeralda (1970), Peregrina (1973) o Cristal (1985) son sólo algunos de sus títulos.
Su pasión y su disciplina la ayudaron a aguantar un ritmo de trabajo frenético. No obstante, lo más importante fue el apoyo incondicional de su familia, a quien mantuvo siempre en un discreto segundo plano.
Sin embargo, llegó un momento en el que Delia varió su orden de prioridades y optó por vender los derechos de su obra a Televisa. Con ello, la cubana buscaba estabilidad económica y tiempo para gozar de los suyos, aunque esta decisión le costó innumerables disgustos cuando la cadena mexicana decidió adaptar sus creaciones.
Hoy, La Madre de las Telenovelas vive retirada en su mansión de Miami, feliz y rodeada de aquellos a quienes más quiere: su marido, sus hijos y sus trece nietos.

Defensora a ultranza del género, Delia Fiallo ha destacado por su inmensa habilidad para manejar y transmitir emociones. Pero, además de hacer llorar, algo que cree imprescindible, en sus guiones procura invitar a la reflexión e inculcar valores positivos a la sociedad.
¿Te gusta que se te conozca por La Madre de las Telenovelas?
Claro, lo agradezco. Mi pasión por escribir empezó en 1948, cuando gané un premio internacional de cuentos. Por aquel entonces, yo era una joven intelectual y trabajé para la radio creando historias de acción. Allí me aconsejaron dedicarme a las novelas románticas... y así fue como me inicié en el género.
¿Qué recuerdos guardas de tu primera telenovela?
‘Hasta que la muerte nos separe’ supuso mi debut y me convirtió en la primera escritora latinoamericana que hacía este tipo de producciones dentro del horario de máxima audiencia.
¿Alguna vez imaginaste la fama que alcanzarías?
Jamás lo pensé, para mí sólo era un trabajo que hacía con fervor, hasta tal punto que mi vida personal fue reduciéndose.
Y, a pesar de ello, contaste con el apoyo de tu familia.
Siempre. Mi marido me comprendía y me ayudaba en todo. Aunque en una ocasión se compró una camiseta en la que ponía ‘te necesito’. En aquel instante entendí que tenía que dedicarles algo más de tiempo a los míos y que mi profesión me absorbía demasiado.
Tu trabajo no tardó en traspasar fronteras...
En el año 1966 me instalé en Miami y empecé a vender producciones que había hecho en Cuba. Así hasta que me surgió la oportunidad de idear telenovelas para Venevisión. Fue con ‘Esmeralda’ con la que, finalmente, salté al mercado internacional.
¿Eliges tú a los protagonistas?
Procuro hacerlo siempre; y, además, creo que es fundamental, porque incluso hay veces que escribo los papeles pensando en determinados actores. En Venezuela respetaron siempre mi criterio: yo escogía a los actores, la música... todo. Me parece que los resultados fueron excelentes.
¿En qué te inspiras al escribir?
Mezclo fantasía y realidad. Me preocupo por reflejar conflictos sociales y aportar soluciones. Primero hago una labor de investigación sobre el tema que voy a tratar, escribo los veinte primeros capítulos y el resto sale sobre la marcha, solamente depende de los espectadores.
¿Nunca se agotó tu creatividad?
Tenía que cumplir una tarea diaria. Si un día estaba inspirada, mejor; pero si no, tenía que hacerlo igualmente.
¿Alguna vez has escrito sobre tus propias experiencias?
Sí, en ‘La heredera’. Fui hija única y mi madre era tan posesiva que me hizo sufrir mucho. Nunca jugué con niñas de mi edad, no me divertí;?no fui feliz.
De todas las novelas que has escrito, ¿cuál es tu preferida?
A nivel sentimental, ‘Esmeralda’ y ‘Lucecita’; y por el dinero y la fama que me aportaron, ‘Cristal’, ‘Kassandra’ y ‘Leonela’.
¿Y tus actores predilectos?
Muchos. Me siento privilegiada;?he contado con grandes protagonistas para dar vida a mis personajes. Con algunos hice amistad, como con Osvaldo Ríos, José Bardina, Lucía Méndez, Jeannette Rodríguez y Lupita Ferrer, cuya hermana está casada con mi hijo.
Tu momento para escribir...
Sin duda por la noche. Esperaba a que todo el mundo se fuera a dormir para encerrarme con mis historias. Y me acostaba cuando los gallos cantaban.
¿Por qué siempre un final feliz?
Sería frustrante para el espectador que los personajes a los que acompañó en sus luchas y sufrimientos no alcanzaran su sueño.
¿Has sido autocrítica?
Sí, he roto muchas páginas cuando no me gustaban, a pesar de la necesidad de entregar textos diariamente.
Hoy, ¿qué añadirías y qué quitarías de tus guiones?
Nada. Creo que los conflictos y las emociones de ahora son los mismos que los de antes. Tal vez incluiría situaciones que entonces me prohibió la censura, por ejemplo el divorcio.
¿Qué opinas de las adaptaciones de tus historias?
Muchas están muy logradas e incluso he participado en algunas. Cuando Televisa compró mis derechos, fue diferente: no se han respetado mis creaciones.
¿Se te ha quedado alguna historia por contar?
Tenía ilusión por escribir una telenovela que se titulaba ‘La felicidad’; un tema interesante. Pero nunca la haré:?no quiero que me la estropeen. Quizá publique dos novelas en libros.
¿Qué beneficios te ha aportado ser una escritora famosa?
Gozo de una tranquilidad económica, que me ha permitido ayudar a mis hijos; y puedo viajar, sobre todo a mi cabaña de Carolina del Norte.
¿Tu vida ha sido realmente como una telenovela?
Sí, y como todas las mías, con final feliz, gracias a Dios. Beatriz Mayorga

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